La noche oscura
El místico español San Juan de la Cruz (1542 - 1591) describió un proceso de purificación espiritual que denominó "noche oscura" y que consiste en una mortificación de los sentidos a la que seguirá una iluminación en la que se siente la presencia de Dios, de tal manera que la oscuridad es precisamente el medio por el que se alcanza la luz. El término "noche oscura" aparece por primera vez en el poema titulado precisamente así, Noche oscura, y escrito en 1578::
En una noche oscura,
con ansias en amores inflamada
¡oh dichosa ventura!
salí sin ser notada,
estando ya mi casa sosegada.
A oscuras y segura,
por la secreta escala, disfrazada,
¡oh dichosa ventura!
a oscuras y en celada,
estando ya mi casa sosegada.
En la noche dichosa,
en secreto, que nadie me veía,
ni yo miraba cosa,
sin otra luz y guía
sino la que en el corazón ardía.
Aquesta me guiaba
más cierto que la luz del mediodía
a donde me esperaba
quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía.
¡Oh noche, que guiaste!
¡Oh noche amable más que la alborada!
¡Oh noche que juntaste
Amado con amada
amada en el Amado transformada!
En mi pecho florido,
que entero para él solo se guardaba,
allí quedó dormido,
y yo le regalaba,
y el ventalle de cedros aire daba.
El aire de la almena,
cuando yo sus cabellos esparcía,
con su mano serena
en mi cuello hería,
y todos mis sentidos suspendía.
Quedé y olvidéme,
el rostro recliné sobre el Amado;
cesó todo, y dejéme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.
Posteriormente, entre 1578 y 1585 aproximadamente, San Juan escribiría el tratado Noche oscura, un texto inconcluso en el que comenta el poema. Así, refiriéndose a la primera estrofa, dice: Cuenta el alma en esta primera canción el modo y manera que tuvo en salir, según la afición, de sí y de todas las cosas, muriendo por verdadera mortificación a todas ellas y a sí misma, para venir a vivir vida de amor dulce y sabrosa con Dios.
De manera complementaria a este poema y al texto con el que lo comenta, San Juan escribiría también la obra Subida al monte Carmelo, obra en la que desarrolla buena parte de la doctrina de la noche oscura y cuyo capítulo 13 contiene algunos pasajes especialmente llamativos. He aquí un extracto:
Pero, porque parece quedaba muy corto y no de tanto provecho no dar luego algún remedio o aviso para ejercitar esta noche de apetitos, he querido poner aquí el modo breve que se sigue; y lo mismo haré al fin de cada una de esotras dos partes o causas de esta noche de que luego, mediante el Señor, tengo de tratar.
Estos avisos que aquí se siguen de vencer los apetitos, aunque son breves y pocos, yo entiendo que son tan provechosos y eficaces como compendiosos, de manera que el que de veras se quisiere ejercitar en ellos, no le harán falta otros ningunos, antes en éstos los abrazará todos.
Lo primero, traiga un ordinario apetito de imitar a Cristo en todas sus cosas, conformándose con su vida, la cual debe considerar para saberla imitar y haberse en todas las cosas como se hubiera él.
Lo segundo, para poder bien hacer esto, cualquiera gusto que se le ofreciere a los sentidos, como no sea puramente para honra y gloria de Dios, renúncielo y quédese vacío de él por amor de Jesucristo, el cual en esta vida no tuvo otro gusto, ni le quiso, que hacer la voluntad de su Padre, lo cual llamaba él su comida y manjar (Jo 4,34).
Pongo ejemplo: si se le ofreciere gusto de oír cosas que no importan para el servicio y honra de Dios, ni lo quiera gustar ni las quiera oír. Y si le diere gusto mirar cosas que no le ayuden [a amar] más a Dios, ni quiera el gusto ni mirar las tales cosas. Y si en el hablar otra cualquier cosa se le ofreciere, haga lo mismo; y en todos los sentidos, ni más ni menos, en cuanto lo pudiere excusar buenamente; porque si no pudiere basta que no quiera gustar de ello, aunque estas cosas pasen por él.
Y de esta manera ha de procurar dejar luego mortificados y vacíos de aquel gusto a los sentidos, como a oscuras. Y con este cuidado en breve aprovechará mucho.
Y para mortificar y apaciguar las cuatro pasiones naturales, que son gozo, esperanza, temor y dolor, de cuya concordia y pacificación salen estos y los demás bienes, es total remedio lo que se sigue, y de gran merecimiento y causa de grandes virtudes.
Procure siempre inclinarse:
no a lo más fácil, sino a lo más dificultoso;
no a lo más sabroso, sino a lo más desabrido;
no a lo más gustoso, sino antes a lo que da menos gusto;
no a lo que es descanso, sino a lo trabajoso;
no a lo que es consuelo, sino antes al desconsuelo;
no a lo más, sino a lo menos;
no a lo más alto y precioso, sino a lo más bajo y despreciado;
no a lo que es querer algo, sino a no querer nada;
no a andar buscando lo mejor de las cosas temporales, sino lo peor, y desear entrar en toda desnudez y vacío y pobreza por Cristo de todo cuanto hay en el mundo.
Y estas obras conviene las abrace de corazón y procure allanar la voluntad en ellas. Porque, si de corazón las obra, muy en breve vendrá a hallar en ellas gran deleite y consuelo, obrando ordenada y discretamente.
Lo que está dicho, bien ejercitado, bien basta para entrar en la noche sensitiva. Pero, para mayor abundancia, diremos otra manera de ejercicio que enseña a mortificar la concupiscencia de la carne, y la concupiscencia de los ojos, y la soberbia de la vida, que son las cosas que dice San Juan reinan en el mundo (1.ª, 2,16), de las cuales proceden todos los demás apetitos.
Lo primero, procurar obrar en su desprecio y desear que todos lo hagan, [y esto es contra la concupiscencia de la carne].
Lo segundo, procurar hablar en su desprecio y desear que todos lo hagan [y esto es contra la concupiscencia de los ojos].
Lo tercero, procurar pensar bajamente de sí en su desprecio y desear que todos lo hagan [también contra sí, y esto es contra la soberbia de la vida].
En conclusión de estos avisos y reglas, conviene poner aquí aquellos versos que se escriben en la subida del Monte, que es la figura que está al principio de este libro, los cuales son doctrina para subir a él, que es lo alto de la unión; porque, aunque es verdad que allí habla de lo espiritual e interior, también trata del espíritu de imperfección según lo sensual y exterior, como se puede ver en los dos caminos que están en los lados de la senda de perfección. Y así, según ese sentido los entenderemos aquí, conviene a saber: según lo sensual. Los cuales, después, en la segunda parte de esta noche, se han de entender según lo espiritual.
Dice así:
Para venir a gustarlo todo,
no quieras tener gusto en nada.
Para venir a poseerlo todo,
no quieras poseer algo en nada.
Para venir a serlo todo,
no quieras ser algo en nada.
Para venir a saberlo todo,
no quieras saber algo en nada.
Para venir a lo que no gustas,
has de ir por donde no gustas.
Para venir a lo que no sabes,
has de ir por donde no sabes.
Para venir a lo que no posees,
has de ir por donde no posees.
Para venir a lo que no eres,
has de ir por donde no eres.
MODO PARA NO IMPEDIR AL TODO
Cuando reparas en algo,
dejas de arrojarte al todo.
Porque para venir del todo al todo
has de negarte del todo en todo.
Y cuando lo vengas del todo a tener,
has de tenerlo sin nada querer.
Porque, si quieres tener algo en todo,
no tienes puro en Dios tu tesoro.
En esta desnudez halla el alma espiritual su quietud y descanso, porque, no codiciando nada, nada le fatiga hacia arriba y nada le oprime hacia abajo, porque está en el centro de su humildad. Porque, cuando algo codicia, en eso mismo se fatiga [y atormenta].
La figura de la subida del Monte a la que se refiere, y donde están inscritos esos versos que repite en esta obra, es un dibujo realizado por el propio San Juan que constituye un esquema espiritual y simbólico del camino ascético hacia la unión con Dios:
Dada la dificultad de apreciar los detalles del dibujo original, resulta preferible analizarlos en esta otra versión más moderna y aclaratoria:
El sendero central es el camino estrecho de la perfección y está flanqueado por dos caminos laterales, llenos de apegos y bienes pasajeros, que por ello se desvían de la dirección que conduce a la cima del monte. Ésta simboliza la unión con Dios y aparece rodeada de virtudes y dones. El dibujo incluye diversas sentencias bíblicas en latín:
Mons Dei mons pinguis, mons coagulatus mons in quo beneplacitum est Deo habitare in eo, que corresponde a los versículos 15 y 16 del Salmo 68: "Monte de Dios, monte fértil; monte cuajado, monte fértil; monte en el que agradó a Dios habitar".
Induxi vos in terram carmeli ut comederetis fructum ejus et optima illius, que aparece en Jeremías 2:7: "Os introduje en la tierra del Carmelo para que comieseis su fruto y lo mejor de ella".
Arcta via quae ducit ad vitam, que significa "estrecho es el camino que conduce a la vida" y que hace referencia a Mateo 7:14: "Porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan".
©JRGA


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