El conflicto palestino-israelí (en 30 puntos)

    Es triste comprobar cómo las redes sociales están siempre llenas de ignorantes que demuestran conocer muy poco sobre el conflicto entre Israel y Palestina, lo que no les impide pontificar sobre él como si fuesen expertos. Lanzan todo tipo de consignas propagandísticas e incluso bulos o falsedades, pero no han leído ni una sola página de historia sobre el tema.

    Es por ello que he decidido explicar, de la forma más clara, directa y breve posible, una serie de cuestiones que ayudan a entender por qué este conflicto es tan complejo… y, al mismo tiempo, el más sencillo de todos, pues resulta fácil determinar quién es el agresor y quién la víctima, quién el criminal y quién el inocente, quién destruye y quién resiste.

    Lo he hecho mediante 30 puntos, que a su vez están divididos en cinco bloques temáticos:
    Pese a haber intentado resumirlo todo lo más posible, por la propia complejidad del tema me he visto obligado a extenderme más de lo habitual. Pido disculpas al lector por ello y le agradezco su paciencia. 
    
    Comencemos.


1- EL CONFLICTO



1. La masacre de Gaza puede considerarse un genocidio

    En Palestina han sido asesinadas ya 66.000 personas: 2.800 al mes; 93 al día; cuatro cada hora. Por comparar, en la masacre de Srebrenica, considerada judicialmente un genocidio, murieron "sólo" 8.000 personas.

    Pero las víctimas de los bombardeos israelíes son muchas más. En julio de 2024, la revista médica británica The Lancet publicó una estimación de las muertes indirectas en Gaza por falta de atención sanitaria, hambre, enfermedades, destrucción de infraestructura, etc., que elevaba el número de víctimas hasta las 186.000 en total (el 8% de la población de Gaza). En la actualidad, si se ha mantenido la proporción de muertes directas e indirectas, el número de víctimas ascendería a 330.000 (el 15% del total de palestinos en Gaza).

    Un estudio del diario israelí Haaretz concluyó en diciembre de 2023 que, ya por entonces, la campaña de bombardeos israelíes sobre Gaza era la más indiscriminada en términos de víctimas civiles en tiempos modernos, hasta el punto de que, si en anteriores campañas de bombardeos de Israel sobre Gaza (2008-2009, 2014 y 2021) la tasa de mortalidad de mujeres y niños era ya tan alta como un 40%, en la actual asciende a nada menos que un 70%.

    Esas tasas de muertos civiles pueden explicarse por el hecho de que el Ejército israelí utiliza desde 2008 en sus campañas militares la llamada Doctrina Dahiya, que propugna el bombardeo de todo tipo de objetivos civiles con el fin de presionar al máximo al enemigo. Ello demuestra que la muerte de civiles palestinos es un crimen de guerra deliberado, al que se suma la destrucción sistemática de toda la infraestructura civil de Gaza: hospitales, escuelas, mezquitas, barrios residenciales, carreteras, etc. Israel está convirtiendo Gaza en un lugar absolutamente inhabitable y sometido a un terror constante con el fin de que los dos millones de gazatíes no tengan más remedio que abandonar masivamente el territorio. Se trata de una expulsión forzada, una auténtica limpieza étnica planeada por el propio gobierno israelí según consta en documentos internos oficiales.

    El propio ministro de Seguridad Nacional de Israel dejó claro públicamente que la “solución final” para Gaza que su gobierno tiene planeada se basa en “ocupación, asentamiento y fomento de la emigración” (limpieza étnica):





    En resumidas cuentas, Israel está cometiendo en Gaza una sucesión ininterrumpida y constante de crímenes de guerra con el fin de erradicar a toda su población del territorio. Es decir, un genocidio, tal y como lo califican desde Amnistía Internacional hasta la organización israelí de derechos humanos B´Tselem, pasando por la relatora especial de la ONU para los territorios palestinos ocupados o el historiador israelí especializado en el Holocausto Amos Goldberg.


2. El gobierno español es cómplice de la masacre

    Más allá de sus promesas vacías y sus mentiras propagandísticas, la realidad es que el actual gobierno de PSOE-Sumar, como antes el de PSOE-Podemos, ha colaborado activamente con este genocidio al mantener intactos los contratos tanto de venta como de compra de armas a Israel. De hecho, España ha sido el quinto país de la UE que más material de la categoría 93 (armas y municiones) exportó a Israel con posterioridad al 7 de octubre de 2023, en los meses de octubre, noviembre y diciembre. 


3. No es un conflicto religioso

    La comunidad palestina cristiana comparte con el resto de palestinos el mismo rechazo a Israel, básicamente porque también vive sometida a éste. En 2009, dicha comunidad cristiana hizo público un documento que expone su posición en el conflicto (Kairós Palestina), que coincide con la de la resistencia palestina. El párroco de la única iglesia de Gaza habla de las duras condiciones en las que viven los católicos en Gaza a causa de la ocupación israelí, y respecto a la supuesta persecución religiosa por parte de los musulmanes afirma: “Cuando tenemos problemas de musulmanes que quieren hacer algo contra la iglesia, nosotros le pedimos al Gobierno [de Gaza, en manos de Hamás] que nos proteja y ellos lo han hecho”, agregó.

    Por otro lado, es un grave error asimilar a la resistencia palestina con el integrismo islámico. Primero porque la resistencia palestina surgió varias décadas antes de que el protagonismo en ella lo tomasen fuerzas islamistas como Hamás (y de hecho estuvo representada durante décadas por una fuerza laica como era la OLP). Y segundo porque, incluso hoy en día, la resistencia palestina es plural y no se limita a Hamás. Hay otras fuerzas políticas en ella igual de combatientes que no solamente no son integristas, sino que incluso son laicas. Así, además de los grupos islamistas Hamás, Yihad Islámica Palestina y los Comités de Resistencia Popular (vinculados a Hezbollah), en la resistencia palestina encontramos también al Frente Popular para la Liberación de Palestina (marxista-leninista y laico), el Frente Democrático por la Liberación de Palestina (maoísta y laico) o las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa (brazo armado de Fatah, el partido que gobierna en Cisjordania, de carácter nacionalista, socialdemócrata y laico). Todos esos grupos forman parte de la Sala de Operaciones Conjuntas palestina, que coordina la lucha armada y fue responsable de los ataques del 7 de octubre de 2023.


4. El conflicto no comenzó el 7 de octubre de 2023

    Una de las primeras masacres del conflicto sucedió en una fecha tan remota como 1948, cuando los sionistas asesinaron a un centenar de civiles palestinos, entre ellos varias mujeres y niños. Pero por circunscribirnos sólo a los últimos 50 años, uno de los períodos más mortíferos del conflicto se dio durante la primera Intifada (revuelta) palestina de 1987, en la que murieron 1166 palestinos (250 de ellos menores de 17 años) y 160 israelíes (60 de ellos militares).

    Desde el fin de la primera Intifada en septiembre de 1993 y hasta el 7 de octubre de 2023, murieron en el conflicto 11.994 palestinos y 1643 israelíes. Estamos hablando de una proporción aproximada de 7 palestinos asesinados por cada israelí, o dicho de otro modo: alrededor del 88% de las víctimas del conflicto son palestinos. A la luz de los datos, resulta difícil considerar a Israel como la víctima del conflicto y no como el victimario. 





5. El origen del conflicto no se debe a la existencia de Hamás

    Hamás se fundó en 1988, justo después de iniciarse la primera Intifada, mientras que el conflicto se remonta a varias décadas antes. Si hubiese un hecho que marcase su origen, sin duda sería la aparición de la ideología sionista (la aspiración nacionalista de convertir Palestina en un Estado exclusivamente judío) entre los judíos europeos a finales del siglo XIX. Fue la emigración y colonización de Palestina por parte de los primeros sionistas de origen europeo lo que dio lugar a los primeros choques violentos con la población autóctona, así como al surgimiento de las primeras organizaciones sionistas armadas (como Haganá o Irgún), que cometerían varios atentados terroristas tanto contra las autoridades británicas de Palestina como contra la población árabe de la región.

    El conflicto pasó a una segunda fase cuando la ONU aprobó en 1947 el Plan de Partición, que dividía Palestina en dos Estados, uno palestino y otro judío (Israel). A consecuencia de ello, los países árabes de la zona declararon la guerra a Israel. Israel no sólo logró imponerse militarmente en la contienda, también amplió aún más el territorio que le había sido asignado por la ONU mientras destruía más de 500 pueblos palestinos. Alrededor de 700.000 palestinos fueron expulsados de su tierra, en lo que los palestinos denominan la Nakba (“catástrofe”) e historiadores israelíes como Benny Morris e Ilan Pappé no dudan en calificar como “limpieza étnica”. Paralelamente, el territorio que no quedó bajo control israelí fue ocupado por Egipto (en Gaza) y Jordania (en Cisjordania), lo que dejó a los palestinos sin un Estado propio.

    La tercera fase del conflicto comenzó a partir de la guerra de los Seis Días en 1967, que desembocó en la ocupación israelí del resto de Palestina (Gaza y Cisjordania), hasta entonces en poder de Jordania y Egipto. Fue en esos años cuando comenzó a organizarse la resistencia armada de la población palestina contra la ocupación israelí, primero a través de la OLP de Yassir Arafat en los años 70 y 80 y, posteriormente, mediante Hamás y otras organizaciones más minoritarias a partir de los años 90.


6. El núcleo del conflicto es la ocupación de Gaza y Cisjordania

    En el Plan de Partición de Palestina de 1947 se adjudicó a Israel la mayor parte del territorio palestino (un 55%) a pesar de que los judíos representaban apenas un 33% de la población (razón por la que la Liga Árabe rechazó el plan). El sionismo quedó entonces dividido entre quienes lo rechazaban de forma rotunda porque les parecía insuficiente para sus objetivos (apoderase de Palestina al completo) y quienes proponían aceptarlo tácticamente como un mero primer paso hacia la futura conquista de toda Palestina.

    De hecho, en 1948 Israel ocupó ilegalmente un 23% más del territorio (el 78% de Palestina en total) y, a partir de 1967, durante la guerra de los Seis Días, ocupó militarmente Palestina al completo, incluyendo Gaza, Cisjordania, Jerusalén oriental, los altos del Golán (pertenecientes a Siria) y la península del Sinaí. Desde entonces, sólo el Sinaí fue devuelto a Egipto en 1982; el resto de territorios continúan ocupados y controlados por Israel.

    La ONU ha declarado la ilegalidad de tal ocupación en múltiples ocasiones, comenzando por la resolución 242 (1967) que exige "la instauración de una paz justa y perdurable en Oriente Medio” que pasa por “la retirada del ejército israelí de los territorios ocupados durante el reciente conflicto”. La última vez que Israel fue condenado por la ocupación fue el año pasado, cuando la Corte Internacional de Justicia estableció que la ocupación de Cisjordania y Jerusalén oriental es ilegal.

    Sin embargo, lejos de cumplir con la legislación internacional, a lo largo de estas décadas Israel ha establecido más de 250 asentamientos y puestos avanzados con más de 700.000 colonos, declarados ilegales por la ONU y el derecho internacional humanitario (artículo 49 del IV Convenio de Ginebra). En 1980 se anexionó unilateralmente Jerusalén oriental a su propio territorio (anexión que nunca ha sido reconocida por la ONU). Además, ha robado los recursos naturales a los palestinos, ha destruido sus viviendas o incluso aldeas enteras y, en general, les ha hecho la vida insostenible.

    Desde 1967, la resistencia palestina reclama el fin de la ocupación y la instauración de un Estado palestino independiente en Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este, reivindicando su derecho a la libre determinación. Tanto la ONU como la Liga Árabe y la inmensa mayoría de países de la comunidad internacional insisten en que la clave de la paz es poner fin a la ocupación de los territorios palestinos y volver a las fronteras previas de 1967. La OLP lo acordó así con Israel en los acuerdos de Oslo de 1992, y Hamás lo recoge en sus propios estatutos de 2017, donde se afirma que “el establecimiento de un Estado palestino plenamente soberano e independiente, con Jerusalén como su capital, según lo establecido el 4 de junio de 1967, con el regreso de los refugiados y desplazados a sus hogares de los que fueron expulsados, es una fórmula de consenso nacional”. Además, tanto la Liga Árabe como Hamás han anunciado en más de una ocasión que están dispuestos a garantizar la seguridad de Israel si se establece un Estado palestino.

    Sin embargo, a día de hoy Israel no tiene intención alguna de retirarse de Gaza y Cisjordania. Al contrario, el actual ministro de Finanzas israelí, Belazel Smotrich, ha admitido que los planes de su gobierno incluyen invadir Siria, Líbano, Jordania, Egipto, Irak e incluso Arabia Saudí: “Hay que ir poco a poco, los grandes sabios religiosos de Israel nos dicen que el estado judío debe llegar desde Jerusalén hasta Damasco. Hablaban que Jerusalén llegará hasta Damasco”. 





7. La población autóctona de Palestina son los palestinos

    La inmensa mayoría de israelíes han adquirido la ciudadanía después de que sus abuelos, sus padres o ellos mismos emigraran a Palestina desde diversas partes del mundo, principalmente Europa central y del Este. La mayoría de la población judía en Israel es de origen extranjero relativamente reciente (como mucho desde finales del siglo XIX), a diferencia de la población árabe palestina, cuya gran mayoría son autóctonos cuyos antepasados han habitado la región de forma ininterrumpida durante siglos, e incluso milenios.

    Incluso suponiendo que los antepasados más remotos de todos los judíos del mundo hubieran habitado Palestina en algún momento, ello no concede legitimidad alguna sobre esas tierras en el presente. Conviene recordar que en el año 500 Palestina formaba parte del imperio bizantino y era una región multiétnica y multirreligiosa, habitada por una mayoría de cristianos (semitas, griegos, romanos y hasta árabes) junto a minorías de judíos, samaritanos y paganos. Según la lógica sionista, cualquiera de esos grupos étnicos o religiosos podría reclamar esas tierras y arrebatárselas a sus legítimos propietarios: la población palestina autóctona.

    Invocar razones religiosas o históricas para imponerse frente a una población autóctona que lleva viviendo de manera ininterrumpida en Palestina desde hace siglos sólo puede compartirse desde el nacionalismo sionista más irracional y absurdo. 


8. Israel no tiene derecho a defenderse

    Desde el punto de vista del derecho internacional, Israel es una potencia ocupante que no tiene reconocido ningún derecho a defenderse de quienes resisten a su ocupación. 

    Aun suponiendo que Israel se amparase en el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas (que reconoce el derecho de legítima defensa de los Estados miembros frente a un ataque armado), la jurisprudencia internacional al respecto ha dejado claro que dicha defensa ha de ser inmediata, proporcional y tener como fin único rechazar la agresión hasta que el Consejo de Seguridad haya tomado las medidas necesarias para mantener la paz y la seguridad internacionales. Y es evidente que la respuesta israelí a los ataques del 7 de octubre de 2023 no cumple con tales principios porque, si bien sí fue inmediata, desde luego no fue proporcional ni se limitó a rechazar la agresión. 


9. Palestina sí tiene derecho a defenderse de Israel

    Si Israel es una potencia ocupante, tal y como está reconocido en múltiples resoluciones de la ONU, la resistencia contra la ocupación es un derecho.

    En efecto, la legislación internacional reconoce el derecho de los pueblos a resistir violentamente contra el colonialismo y la ocupación militar cuando ésta es ilegal (y la ocupación de Palestina por Israel lo es, como ya hemos visto). La resolución 37/43 (1982) de las Naciones Unidas, citando expresamente a Palestina, reconoce “la legitimidad de la lucha de los pueblos por la independencia, la integridad territorial, la unidad nacional y la liberación de la dominación colonial y extranjera y de la ocupación extranjera por todos los medios disponibles, incluida la lucha armada”.





10. Gaza no ha dejado nunca de estar ocupado por Israel

    Aunque en 2005 el ejército israelí retiró sus tropas de la Franja de Gaza, hasta el día de hoy ha mantenido el control directo de sus fronteras, de su espacio aéreo y marítimo y de seis de los siete pasos fronterizos gazatíes. Por si fuera poco, Israel se reserva el derecho de entrar en Gaza cuando lo considere oportuno, y su ejército mantiene una tierra de nadie dentro del propio territorio. Además, Gaza depende de Israel en lo que respecta al agua corriente, la electricidad, las telecomunicaciones y otros servicios.


2- EL ESTADO DE ISRAEL



11. El Estado de Israel no es una democracia

    Y no lo es porque:

    a) Niega sus derechos políticos a milones de personas. Israel ocupa y controla Cisjordania desde 1967, tanto desde un punto de vista militar como administrativo, y allí viven alrededor de tres millones de palestinos que no pueden votar en las elecciones israelíes. En Gaza mantiene un bloqueo total por aire, tierra y mar, controlando su economía y acceso. En Jerusalén oriental (ocupado también desde 1967) residen cientos de miles de palestinos sin ciudadanía, que tampoco pueden votar en las elecciones israelíes.

    b) Aplica leyes distintas según la etnia o religión de sus habitantes. En Cisjordania existen dos sistemas legales diferentes: uno para los 700.000 colonos judíos israelíes, que viven bajo las leyes civiles de Israel, y otro para los palestinos nativos, sometido a leyes militares que restringen su movimiento, sus derechos y les impiden tener un juicio justo. Todas las organizaciones de derechos humanos, desde Human Rights Watch hasta Amnistía Internacional, han calificado de "apartheid" ese sistema, puesto que se trata de una segregación legal basada en la etnia. 

    c) Discrimina legalmente a sus propios ciudadanos por razones étnicas. En cuanto a ese 20% de la población israelí que es árabe (y que, a diferencia de los habitantes de los territorios ocupados, sí son ciudadanos de Israel), sufren una discriminación sistemática en el acceso a la tierra, el presupuesto estatal y a numerosos ámbitos de la vida pública. De hecho, la “ley del Estado-Nación Judío" de 2018 establece que sólo los judíos tienen el derecho de autodeterminación en Israel. A ello se suma la existencia de cientos de comunidades judías que prohíben legalmente la residencia de árabes. 

    d) Concede su ciudadanía de forma automática a un grupo étnico-religioso pero la niega a los nativos expulsados. La Ley del Retorno establece que cualquier judío del mundo puede obtener la ciudadanía israelí de manera automática, mientras que a los millones de refugiados palestinos se les niega el derecho a regresar a sus hogares. 

    e) Es un Estado confesional en el que no existe separación con la religión. En Israel, el judaísmo ortodoxo tiene un control absoluto sobre asuntos civiles como el matrimonio, el divorcio y la conversión religiosa, hasta el punto de que los judíos seculares y las minorías religiosas (cristianos, musulmanes y drusos) no pueden casarse civilmente en Israel, sino que deben hacerlo bajo reglas religiosas. Además, las mujeres judías también sufren restricciones en el acceso a espacios religiosos y en la posibilidad de divorciarse sin el consentimiento del marido.
 
    f) Persigue a sus críticos y disidentes. Los políticos árabes en el Knesset (Parlamento) han sido descalificados o censurados por expresar posiciones favorables a los derechos de los palestinos, y organizaciones de derechos humanos como B’Tselem o Human Rights Watch han sido perseguidas y etiquetadas como "enemigas del Estado" por denunciar la ocupación y el apartheid. Además, medios de comunicación críticos con el gobierno, especialmente en relación con la ocupación, han sido atacados o censurados. 


12. Israel es un Estado agresor y un peligro en la región

    A lo largo de su historia Israel ha atacado constantemente a todos sus vecinos, siempre en contra de la legalidad internacional y siendo condenado por la ONU: en 1956 atacó a Egipto (guerra del Sinaí); algo que repetiría en 1967 (guerra de los Seis Días); en 1981 atacó a Irak (destrucción del reactor nuclear de Osirak) y en 1985 a Túnez (bombardeo de la sede de la OLP); en 2007 atacó a Siria (destrucción de la instalación nuclear de Deir ez-Zor), a la que ha seguido atacando regularmente desde 2012 hasta hoy.

    Un buen ejemplo del historial de Israel en ese sentido es su relación con el Líbano, país al que atacó en 1978 (operación Litani), en 1982 (guerra del Líbano) y en 2006 (segunda guerra del Líbano). En los últimos 15 años, los cazas israelíes han violado el espacio aéreo libanés más de 22.000 veces. Puede responsabilizarse de ello a las milicias libanesas de Hezbollah (que nació precisamente como respuesta a la invasión israelí de 1982), pero, a modo de ejemplo, de los 10.200 ataques transfronterizos entre Israel y Hezbollah ocurridos desde el 7 de octubre de 2023 hasta el 20 de septiembre de 2024, Israel es responsable de 8.300.


13. Israel es un Estado criminal

    He aquí algunas de las resoluciones de la ONU que Israel viola deliberadamente: la condena por ocupar Gaza y Cisjordania (resolución 242 de 1967); por impedir a los refugiados palestinos regresar a sus hogares y recuperar sus bienes, así como por negar al pueblo palestino el derecho a la autodeterminación (3236 de 1974); por el sionismo, al que se asocia con el racismo y el apartheid sudafricano (3379 de 1975); por la creación de asentamientos israelíes en los territorios árabes ocupados desde 1967 (446 de 1979); por la anexión de Jerusalén oriental (478 de 1980); por imponer sus leyes en los Altos del Golán (497 de 1981); por los actos de violencia cometidos por su ejército en los territorios ocupados (672 de 1990); por el uso excesivo de la fuerza contra los palestinos (1322 de 2000); por la construcción del muro en Cisjordania (opinión consultiva de la Corte Internacional de Justicia de 2004); o por continuar expandiendo asentamientos en los territorios ocupados (2334 de 2016).


14. Israel no tiene derecho a existir

    Un Estado criminal, antidemocrático y construido en torno a un etnicismo racista y religioso, en el que la ciudadanía se obtiene por el hecho de formar parte del pueblo judío (al cual sólo se accede por descendencia materna) y en el que no existe una Constitución porque ninguna ley civil puede estar por encima de la máxima ley religiosa (la Torá), no tiene derecho a existir, del mismo modo que tampoco lo tuvieron el Tercer Reich o el Estado sudafricano del apartheid. Israel sólo tendría derecho a existir en la medida en que se desprenda de toda su legislación etnicista, racista y confesional, es decir, si renuncia a su propia naturaleza de "Estado judío".


15. Es Israel quien niega a Palestina su derecho a existir

    Es Israel quien niega el derecho de los palestinos a existir como pueblo, al seguir ocupando ilegalmente su territorio, practicar en él una limpieza étnica e impedirles disponer de un Estado propio. Por el contrario, la legislación internacional nunca ha puesto en duda la existencia de Israel (que existe porque la ONU lo reconoció), y que es asumida incluso por la propia resistencia palestina. 


3- LA CAUSA PALESTINA



16. El problema de Israel no es sólo con Hamás

    La resistencia palestina está formada actualmente por un conjunto de organizaciones políticas y armadas que luchan por la liberación de Palestina de la ocupación israelí: desde las fuerzas islamistas (Hamás, Yihad Islámica, los Comités de Resistencia Popular, etc.) hasta las laicas y de izquierdas (FPLP, el Partido del Pueblo Palestino, FDLP, etc,). 

De hecho, como ya hemos visto, el conflicto armado existía mucho antes de la aparición de Hamás, cuando la resistencia palestina estaba mayoritariamente representada por la OLP de Yassir Arafat, que entonces no tenía competencia de grupos islamistas.  


17. El mundo no considera “terrorista” a la resistencia palestina

    Sólo lo hacen EE UU y sus aliados, no únicamente respecto a Hamás sino también respecto al resto de organizaciones que integran la resistencia palestina. En cambio, alrededor del 80% de los países no califican así ni a Hamás ni al resto de la resistencia palestina, como demuestran las votaciones en la Asamblea General de la ONU. Por ejemplo, en 2018 se votó una resolución de condena a Hamás y sólo una minoría de países se mostró a favor; la mayoría del planeta no apoyó dicha condena.


18. La inmensa mayoría del planeta apoya a la causa palestina

    En septiembre de 2024, la Asamblea General de la ONU aprobó una resolución que exigía a Israel poner fin a la ocupación de Palestina en un plazo de doce meses, basándose en una opinión consultiva de la Corte Internacional de Justicia que declaraba la ocupación ilegal. La votación resultó en 124 votos a favor, 14 en contra y 43 abstenciones. Quizás esto explique por qué las manifestaciones en apoyo a la causa palestina son siempre masivas en todo el planeta, mientras que las de apoyo a Israel son muy minoritarias.


19. Apoyar la causa palestina no implica apoyar a Hamás

    Miles de millones de personas en todo el mundo defienden el fin de la ocupación israelí sobre Gaza y Cisjordania sin compartir el ideario político-religioso de Hamás (de carácter islamista) ni determinados métodos de lucha (como los atentados suicidas). La resistencia palestina es plural y en ella hay organizaciones completamente alejadas de cualquier tesis fundamentalista, como el FPLP, de carácter marxista-leninista y laico.






20. Estar a favor de la causa palestina no significa ser “antisemita”

    El sionismo suele equiparar de forma tramposa la crítica al Estado de Israel con el odio a los judíos, del mismo modo que en el Tercer Reich ser antinazi equivalía a ser “antialemán”. Lo cierto es que miles de judíos en todo el mundo apoyan también la causa palestina y son críticos con Israel. 

    Por otro lado, respecto al término “antisemita”, la inmensa mayoría de israelíes no son de ascendencia semita sino europea. El Estado de Israel nació fundamentalmente de la inmigración masiva de judíos europeos, que nada tenían que ver con Oriente Próximo ni con los pueblos semíticos, categoría en la que sí podemos incluir, en cambio, a la población palestina autóctona. Además, dentro de Israel, los judíos sefardíes (semitas) y los judíos de origen etíope suelen sufrir un trato degradante por parte de la élite ashkenazí (de origen europeo) del país .


4- LOS ATAQUES DEL 7 DE OCTUBRE DE 2023



21. Los ataques no fueron obra exclusiva de Hamás

    En la llamada “Operación Inundación de Al Aqsa” también participaron la Yihad Islámica Palestina, el Frente Popular para la Liberación de Palestina, el Frente Democrático por la Liberación de Palestina, los Comités de Resistencia Popular y las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa (brazo armado de Fatah, el partido que gobierna en Cisjordania). Ante tal concurrencia de organizaciones y movimientos políticos, hablar únicamente de "ataques de Hamás" resulta improcedente: se trató de un ataque conjunto de la resistencia palestina, aunque estuviera liderado por Hamás. 
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22. La resistencia palestina no atacó deliberadamente un festival

    Según una investigación del Times of Israel, corroborada por otra paralela del diario israelí Haaretz, el festival Nova no era un objetivo predeterminado: el plan consistía en llegar a la ciudad israelí de Netivot, situada en las cercanías. Los milicianos palestinos llegaron a la fiesta (cuya existencia desconocían) tras desviarse por error de la ruta prevista. 


23. No hay pruebas de violaciones masivas cometidas durante los ataques

    Resulta difícil sostener que, en una operación relámpago como la del 7 de octubre, los militantes palestinos se dedicasen a perder el tiempo violando a mujeres, y más aún que no apareciera ni una sola prueba en las cámaras corporales que ellos mismos portaban. En efecto, no se ha difundido ningún video que lo demuestre, ni las autopsias han confirmado tales hechos. Si bien la misión de la ONU señaló que había “motivos razonables” para “creer” que se produjeron episodios de violencia sexual, no se ha hallado ninguna prueba sólida que permita afirmarlo con certeza. Lo cierto es que varios testimonios difundidos en medios (incluido el New York Times) y que relataban dichas violaciones se demostraron falsos. A día de hoy, Israel sigue impidiendo una investigación independiente y completa, como reclamaron diversos organismos. En cambio, sí existen múltiples testimonios solventes y pruebas gráficas de las violaciones cometidas habitualmente por el ejército israelí contra palestinos bajo su custodia.


24. No se produjeron decapitaciones de bebés durante los ataques

    El gobierno israelí sostuvo durante meses que Hamás había decapitado niños y bebés, una “información” que llegó a ser “confirmada” incluso por el presidente de los EE UU, Joe Biden. Sin embargo, Haaretz desmintió más tarde esa versión y la calificó de “falsa”.


25. Parte de las víctimas fueron causadas por el propio ejército israelí

    Algunos israelíes murieron por fuego amigo debido a la confusión del momento. Además, se sabe que que el ejército israelí ordenó aplicar la llamada Directiva Aníbal para impedir que la resistencia capturase soldados. Esto explica que los helicópteros israelíes abrieran fuego contra los asistentes al festival Nova y que tanques y misiles israelíes golpearan indiscriminadamente a sus propios ciudadanos, como relataron numerosos testigos presenciales: 




    En realidad, a la resistencia palestina no le interesaba tanto matar israelíes como secuestrarlos con el fin de canjearlos por los palestinos retenidos en cárceles israelíes. La prioridad de la operación consistía en el secuestro y no en el asesinato, y de hecho el objetivo oficial de la operación, explicado por Hamás en un comunicado público, era "detener a soldados enemigos con el fin de presionar a las autoridades israelíes para que liberasen a los miles de palestinos detenidos en prisiones israelíes como parte de un acuerdo de intercambio de prisioneros". Si el objetivo hubiese sido una masacre indiscriminada, los cientos de israelíes capturados habrían sido ejecutados en el acto.


26. La respuesta de Israel a los ataques no fue legítima

    Israel justifica su ofensiva alegando que Hamás es una organización terrorista, pero cuando un Estado se enfrenta a ese tipo de desafío, la vía habitual es detener a los terroristas, ponerlos a disposición judicial, juzgarlos, y, en su caso, condenarlos. Fue precisamente lo que hizo España tras el 11-M: a ningún gobierno se le habría ocurrido bombardear el País Vasco de forma indiscriminada, ni siquiera en los “años de plomo” en los que ETA asesinaba a cientos de personas cada año. 

    Por el contrario, el asesinato extrajudicial de terroristas (y con mayor motivo el asesinato masivo de civiles inocentes) encaja en lo que se califica como terrorismo de Estado o, en el marco de un conflicto bélico, crimen de guerra. Y resulta significativo que Israel trate de justificar sus bombardeos masivos asegurando que está en guerra, pero al mismo tiempo niegue cualquier legitimidad a la resistencia calificándola simplemente de “organización terrorista”.


27. ¿Secuestrados por Hamás? En Israel muchos más

    De los 10.700 palestinos que Israel mantiene en cárceles y centros de detención, más de 3.600 están sin cargos formales, incomunicados y sin acceso a abogado ni a juez alguno, es decir, secuestrados. Además, las condiciones de detención son con frecuencia inhumanas y constituyen auténticas formas de tortura, como acreditan tanto organizaciones de derechos humanos como medios internacionales.


5- LA SALIDA DEL CONFLICTO



28. A Israel y a EE UU no les interesa la paz

    La guerra es la única vía para hacer realidad los planes del sionismo y su aspiración nacionalista de ocupar todo Oriente Próximo. Una guerra que, además, constituye una enorme industria para el país. 

    Del mismo modo, a EE UU también le interesa un Israel armado y en guerra constante. Como dijo Alexander Haig, secretario de Estado de los EE UU en 1981, “Israel es el mayor portaaviones estadounidense: es insumergible, no lleva soldados estadounidenses y está ubicado en una región crítica para la seguridad nacional de EE UU”. Esa es la razón última y profunda del apoyo constante de EE UU a Israel, a lo que se suma el enorme poder político, económico y mediático del lobby sionista en Washington.
    
    De ahí que el primer ministro israelí Isaac Rabin resultase asesinado después de firmar los acuerdos de Oslo con la OLP, y de ahí que tanto EE UU como el sionismo hayan hecho todo lo posible por impedir cualquier acuerdo de paz en la zona, incluso hasta el punto de provocar repetidamente a los palestinos para avivar el conflicto: desde la visita de Ariel Sharon a la Explanada de las Mezquitas en septiembre de 2000 (que desembocó en la segunda Intifada) hasta el reconocimiento de Jerusalén como capital del Estado de Israel por parte de la administración Trump.


29. La “solución de los dos Estados” no es una solución

    Por mucho que sea la única solución de compromiso que se plantea en la actualidad, la “solución de los dos Estados” no es en absoluto realista. Hablamos de dos sociedades, la palestina y la israelí, que pese al conflicto están profundamente entrelazadas en los planos económico, cultural y religioso: unos y otros consideran santos y reivindican los mismos lugares; multitud de empresas israelíes emplean a miles de palestinos; y ambos pueblos mantienen un nacionalismo centrado en la misma tierra, con numerosos elementos culturales comunes. A fin de cuentas, israelíes y palestinos comparten mucho más de lo que están dispuestos a reconocer.

    Por otro lado, la “solución de los dos Estados” ni siquiera es una verdadera solución: sólo reemplazaría un conflicto colonial entre un Estado y un territorio ocupado por un conflicto entre dos Estados soberanos. La esencia mismo del sionismo que domina políticamente Israel consiste en la aspiración de apropiarse de toda Palestina, lo que llaman el “Gran Israel”. Esa ideología nacionalista explica que en 1948 Israel se anexionara ilegalmente un 23% más de territorio de lo que inicialmente le había asignado la ONU en el Plan de Partición, así como la ocupación (también ilegal) de Gaza, Cisjordania, Jerusalén oriental y los Altos del Golán desde 1967. No hay razones para pensar que Israel se detendría en sus objetivos nacionalistas si Palestina llegara a constituirse plenamente como Estado, del mismo modo que no se ha detenido a la hora de bombardear Estados soberanos como Siria, el Líbano o incluso Irán. De hecho, el reconocimiento de Palestina como Estado por la mayoría del mundo no ha impedido que Israel continúe cometiendo un genocidio en Gaza.  


30. El estado binacional es la única solución al conflicto

    La única alternativa real, viable y justa es la defendida por diversas figuras intelectuales israelíes, como Ilan Pappé, Michel Warschawski, Miko Peled o Jeff Halper: la desaparición del actual Estado de Israel y la creación de un nuevo Estado palestino laico, con una Constitución que impida cualquier tipo de discriminación por razones étnicas o religiosas; un Estado que integre por igual a musulmanes, judíos y cristianos, y en el que todos tengan exactamente el mismo acceso no sólo a los santos lugares, sino también a todas las instituciones del Estado (gobierno, parlamento, judicatura, policía, ejército, etc). 

    En la práctica, toda Palestina se encuentra ya bajo la administración de Israel, por lo que de facto existe un único Estado; la cuestión es transformarlo en un Estado democrático. Para ello, tanto los sionistas como las distintas facciones de la resistencia palestina deben renunciar a la idea de un Estado étnico-confesional, ya sea musulmán o judío, y aceptar la convivencia en un único Estado que abarque todo el territorio palestino y respete su cultura, nación, identidad y religión. 

    Sólo así podrá garantizarse una paz definitiva y duradera.




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