Anaciclosis
Un determinado sistema político, sea el que sea en cada momento y lugar, siempre es sólo una entre las múltiples posibilidades de sistemas políticos que pueden darse, y que a su vez son fruto de los equilibrios de poder y del juego entre los diversos colectivos humanos y las sociedades. No sólo existen múltiples sistemas políticos alternativos al nuestro, sino que también hay numerosas versiones posibles de nuestro propio sistema. Porque los sistemas políticos no son modelos estáticos, sino campos de juego dinámicos que mutan cuando también lo hacen los equilibrios de poder. En términos generales, tienden a degenerar hasta alcanzar un punto en el que se ven inevitablemente obligados a transformarse en un sistema diferente y más virtuoso… pero que también tenderá a degenerar de nuevo.
Quien advirtió por primera vez tal dinámica fue el historiador griego Polibio, allá por el siglo II a.C. Polibio identificaba tres formas básicas de gobierno: monarquía (o gobierno de uno), aristocracia (o gobierno de unos pocos) y democracia (o gobierno de muchos). Y si bien esas tres formas de gobierno son, en principio, virtuosas, tienden a degenerar y a mutar en otras formas distintas y más perjudiciales para la sociedad: la monarquía deriva en tiranía, un gobierno despótico; la aristocracia degenera en oligarquía, es decir, en el dominio de unos pocos en beneficio propio; y la democracia degenera en oclocracia, el gobierno del populacho, sin ley ni orden.
Según Polibio, estas fases se suceden unas a otras en un ciclo sin fin que funciona de la siguiente manera:
1. Monarquía: el poder recae fundamentalmente en un único gobernante virtuoso, que procura el bien común. Es una figura que suele emerger tras un periodo de caos, para imponer el orden y la justicia.
2. Tiranía: el monarca deja de gobernar para el interés general y comienza a priorizar el propio, recurriendo a la violencia, el miedo y/o el culto a su persona para mantenerse en el poder.
3. Aristocracia: la población se rebela contra el tirano, lo que provoca que el poder pase a una élite de personas virtuosas que buscan preservar el bien común mediante reformas y cambios políticos.
4. Oligarquía: esa élite se vuelve cerrada, egoísta y corrupta, gobernando solo en beneficio propio y excluyendo del poder a la mayoría de la población.
5. Democracia: el resentimiento popular ante esa situación da lugar a un profundo cambio político en el que el poder pasa finalmente a manos de todo el pueblo, o de gran parte de él. Se amplían los derechos y se afianza la igualdad política.
6. Oclocracia: el pueblo se descontrola y se deja arrastrar por las pasiones y la demagogia, siendo manipulado por líderes carismáticos que toman decisiones erróneas que conducen a la sociedad al caos. De ese desorden surge de nuevo la monarquía, es decir, un nuevo líder fuerte que restaura el bien común. Así, el ciclo vuelve a empezar, repitiéndose una y otra vez, de forma eterna.
Polibio sostenía que las fases degeneradas del ciclo (tiranía, oligarquía y oclocracia) suelen prolongarse más en el tiempo que las fases virtuosas (monarquía, aristocracia y democracia), que por lo general duran poco.
En lo que probablemente sea la primera teoría social de la historia, Polibio denominó “anaciclosis” (“ciclo de retorno”) a su esquema, que sorprendentemente parece cumplirse en multitud de etapas históricas, y que puede ayudarnos a detectar ciertas tendencias e incluso a anticiparlas en el futuro.
La anaciclosis en la historia
Un ejemplo clásico de anaciclosis lo ofrece la historia de la antigua Roma. La civilización romana comenzó con un sistema monárquico que degeneró en una tiranía, hasta el punto de que el séptimo y último rey, Tarquinio el Soberbio, fue considerado un déspota. Aquella monarquía fue reemplazada por la República, dominada por un Senado controlado por las familias nobles (aristocracia). Sin embargo, la concentración de poder en unos pocos linajes y la corrupción de los senadores (oligarquía) condujeron a una progresiva apertura hacia los plebeyos, a través de reformas populares y un mayor protagonismo de la Asamblea (democracia). No obstante, el populismo de líderes como los hermanos Graco o Julio César, que utilizaron el respaldo del pueblo para debilitar las instituciones republicanas (oclocracia), terminó erosionando tanto el sistema que finalmente surgió la figura del emperador (una forma de monarquía renovada).
Pero la anaciclosis se manifiesta con especial claridad en momentos de transformación radical, como durante la Revolución Francesa. La monarquía de los Borbones degeneró hasta convertirse en una tiranía, representada por el gobierno autocrático y corrupto de Luis XVI, que fue finalmente derrocado por la revolución. A continuación, las élites revolucionarias moderadas, encarnadas por los girondinos, asumieron el control del país (aristocracia), pero su ineficacia y tibieza ante la crisis económica (oligarquía) propiciaron el ascenso de los jacobinos, apoyados por los sectores populares (democracia). Pronto se instauró el Terror, una dictadura revolucionaria con participación activa del pueblo en la represión violenta y masiva (oclocracia). El caos se prolongó hasta el golpe de Estado del 18 de Brumario y la llegada al poder de Napoleón Bonaparte (monarquía nuevamente).
Otro ejemplo paradigmático se encuentra en la otra gran revolución moderna: la rusa. La monarquía de los zares fue degenerando con el tiempo hasta convertirse en una tiranía bajo Nicolás II, quien fue derrocado y sustituido por un gobierno provisional burgués (aristocracia) que rápidamente se reveló incapaz (oligarquía) de responder a las demandas populares. En consecuencia, los bolcheviques tomaron el poder durante la Revolución de Octubre y proclamaron un gobierno soviético sustentado en consejos de obreros y soldados (democracia). Sin embargo, el estallido de la guerra civil dio paso a una fase oclocrática, caracterizada por masas armadas y movilizadas, que se prolongó prácticamente hasta la consolidación del poder por parte de Stalin, figura emblemática de un nuevo autoritarismo.
Anaciclosis en España
La anaciclosis también puede aplicarse a la historia de nuestro país. Así, la monarquía de Alfonso XIII (tiranía) fue reemplazada en 1931 por un gobierno provisional (aristocracia) que proclamó la república e instauró un sistema parlamentario (oligarquía) y democrático (democracia), el cual degeneró rápidamente hasta desembocar en el estallido social de 1936 (oclocracia).
La siguiente fase fue la toma del poder (mediante un golpe de Estado y una guerra civil) por parte del general Franco (monarquía), cuya dictadura (tiranía) se prolongó durante cuarenta años. Tras su muerte, el gobierno y los distintos partidos políticos acordaron (aristocracia) una reforma que permitiera la celebración de elecciones libres, finalmente convocadas en 1977, y gracias a las cuales las diversas fuerzas políticas obtuvieron representación parlamentaria (oligarquía).
En 1978 se aprobó la Constitución, y España recuperó unas instituciones democráticas que, con altibajos, perduran hasta hoy (democracia), aunque en los últimos años se aprecia el ascenso de partidos de corte populista, tanto de izquierdas como de derechas (oclocracia).
Todo ello permite vislumbrar, en un futuro relativamente próximo, el posible surgimiento de una nueva fase monárquica, quizá encarnada por un líder fuerte y carismático, o bien por un gobierno con tendencias marcadamente autoritarias.
Ciclos a largo plazo
¿Es posible que la anaciclosis sea aplicable también a ciclos históricos más amplios, que se superponen a los ciclos cortos que hemos examinado hasta ahora? En ese sentido, y limitándonos al ámbito europeo, cabe considerar a los primeros emperadores romanos como el modelo ideal de monarquía virtuosa: un poder centralizado que mantiene el orden y garantiza la estabilidad. Sin embargo, a partir del siglo III, el Imperio entra en decadencia y cae en manos del despotismo militar (tiranía), hasta que la caída de Roma y la fragmentación del poder provocan que éste, aunque formalmente siga residiendo en las monarquías europeas, pase en la práctica a manos de los señores feudales y la Iglesia (aristocracia).
La progresiva degeneración del sistema feudal a lo largo de los siglos (oligarquía) desemboca en las revoluciones liberales del siglo XIX y en la expansión del parlamentarismo burgués por toda Europa (democracia). No obstante, la actual decadencia del sistema político occidental, unida al creciente descontento ciudadano, parece anunciar una próxima fase oclocrática, tal vez encarnada en las tendencias populistas de extrema derecha que comienzan a perfilarse en el horizonte.
©JRGA






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