Todo tiene su tiempo






    En el capítulo 29 del Tao Te Ching, libro que dio origen al taoísmo y cuya autoría se atribuye a Lao Tsé, filósofo chino que, según la tradición, vivió en torno al siglo VI antes de Cristo, podemos leer que “existe un tiempo para que las cosas vayan delante, y existe un tiempo para que vayan detrás; un tiempo para respirar despacio y otro para hacerlo deprisa; un tiempo para crecer en fortaleza y otro para declinar; un tiempo para subir y otro para bajar”.

     El planteamiento de fondo es que la realidad sigue un orden que no depende de nuestros deseos y que no podemos someter completamente a nuestra voluntad.

    Curiosamente, encontramos una idea muy parecida, expresada además en términos prácticamente idénticos, en una tradición cultural y religiosa completamente diferente, surgida a miles de kilómetros de distancia y sin que existan pruebas de una influencia directa entre ambas. Se trata del tercer capítulo del libro bíblico del Eclesiastés, cuya composición suele situarse entre los siglos V y II antes de Cristo: 

    “Todo tiene su momento oportuno; hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo: un tiempo para nacer, y un tiempo para morir; un tiempo para plantar, y un tiempo para cosechar; un tiempo para matar, y un tiempo para sanar; un tiempo para destruir, y un tiempo para construir; un tiempo para llorar, y un tiempo para reír; un tiempo para estar de luto, y un tiempo para saltar de gusto; un tiempo para esparcir piedras, y un tiempo para recogerlas; un tiempo para abrazarse, y un tiempo para despedirse; un tiempo para intentar, y un tiempo para desistir; un tiempo para guardar, y un tiempo para desechar; un tiempo para rasgar, y un tiempo para coser; un tiempo para callar, y un tiempo para hablar; un tiempo para amar, y un tiempo para odiar; un tiempo para la guerra, y un tiempo para la paz".

    Fue precisamente este último pasaje bíblico el que el cantante estadounidense Pete Seeger musicalizó en 1959 en su canción Turn! Turn! Turn! (To Everything There Is a Season), cuya versión más famosa es, sin duda, la que grabó el grupo californiano The Byrds en 1965 (y que volvería a cobrar popularidad casi treinta años después gracias a la película Forrest Gump, de 1994):







©JRGA


Comentarios

Entradas populares de este blog

El cambio climático I: catastrofismo

El conflicto palestino-israelí (en 30 puntos)

Hunos y hotros